domingo, 18 de noviembre de 2012

►El arte de corregir




El arte de educar comporta el arte difícil de corregir. Este comentario será una aproximación valorada al caso en el que un niño falta a su deber y levanta la mirada hacia sus padres. ¿Cómo corregir? ¿Qué decirle? Las circunstancias son irrepetibles como las personas, pero semejantes. Sin agotar el tema, se expondrán los principios generales que respeten el libre y fructífero ejercicio de la autoridad moral de todo padre.



I. EL NIÑO HA FALTADO. Análisis de su actitud



El niño-adolescente, en su evolución y enfrentamiento con las situaciones de la vida, tarde o temprano experimenta el dulce vértigo de las faltas: riñas, mentiras, pérdidas de tiempo, etc. En este primer estudio situémonos en el interior de un niño, culpable de infringir una falta cualquiera. Supongamos el caso de que ha mentido diciendo que "no encontraba sus tenis" para librarse la clase de educación física:



Caben tres posturas posibles en el niño:

1ª El niño es verdaderamente honesto. Dará marcha atrás y expondrá espontáneamente y arrepentido la verdad. Es probable.
2ª El niño posee un mínimo de honestidad, su conciencia le echa en cara la falta, pero no se siente seguro para declarar su falta. Muy probable.
3ª El niño carece de ese mínimo natural de honestidad. Nada probable.


De cualquier manera, le es difícil dar el primer paso hacia el reconocimiento de la verdad y de su falta. En este proceso el papel de los padres es esencial. Sin pretensiones filosóficas, el niño intuye que "toda causa produce un efecto". En su lenguaje son los binomios: "falta-castigo", "buena acción- premio". Sin conocer la reparación merecida, tiene por cierta la necesidad de ésta, aunque no la acepte porque es nota común el miedo al castigo que influye en su ánimo más fuertemente que en el adulto(Cfr. MARCOZZI Vittorio, Psicología antropológica, II Parte IV, Roma PUG, 1974, p. 59).



Tras la falta esperará entonces o sufrir resignadamente cuanto pueda venir, o atenuarla lo más posible justificándose, o buscar la manera de sepultar todo rastro de culpabilidad. Queda siempre en pie actitud ejemplar de esos niños sinceros que "dan el primer paso" y buscan reparar sus faltas, sin embargo aquí analizamos los casos conflictivos.




II. EL MOMENTO DE LA CORRECCIÓN. 



Inevitablemente "nada hay oculto que no llegue a saberse" (Lc 17, 37). El niño enfrentado a sus hechos puede aún negarlos: "Los tenis estaban en la mochila pero no los vi". Es el padre quien ahora puede guiar hacia la opción por el bien.



Toda la psicología del niño apunta inconscientemente en este encuentro padre-hijo al análisis minucioso de las palabras que escuche y de la actitud que observe hacia él. Si el chico se da cuenta de que su padre es inexperto podría pasarse de la raya en los primeros contactos y armar un pequeño alboroto a cambio de informarse hasta dónde llega su energía y mal humor (Cfr. ANTOÑANA Héctor, Entre chicos por primera vez, "La esfinge", Ed. Mensajero del Corazón de Jesús, Bilbao 1961, p. 18). La gran pedagogía del padre fracasa o triunfa en estos momentos de cruce forzoso. El padre que sin más le riñe o se enfada, empaña la justicia de sus palabras por muy rectas que se supongan y abre distancias innecesarias con perjuicio de la confianza mutua (Ibid. p. 48). Si la actitud del niño logra romper la serenidad del padre, éste se dejará guiar más por su actitud airada que por la reflexión sobre los hechos (Cfr. CANALS JUAN, San Juan Bosco -Obras fundamentales-, II,6, Madrid BAC 1978, p. 599). Pero si en su corazón arde el anhelo de cumplir con su misión sublime de padre, tenderá a superar la circunstancia e indagar la razón que movió al niño para obrar así y llegar incluso a mentir. En la poca sumisión del niño sus padres lamentablemente llevan buena parte de culpa. ¿Ese niño ha mentido porque está enfermo y no se le ha atendido? ¿porque no sabe jugar y nadie se ha preocupado de enseñarle? ¿porque algún compañero habitualmente le gasta bromas pesadas en y nadie lo remedia? ¿porque guarda una secreta preocupación familiar y no ha encontrado la confianza necesaria para comunicarla? ¿o simplemente por desprecio a la autoridad que se ha hecho temer a base de amenazas y que no ha logrado ningún aprecio de su parte? Absurdo sería pensar que la razón es el deseo de ser castigado. No faltan padres que desgraciadamente así lo creen: "Tú los has querido..." y aplican la sanción.



III. PASOS PRUDENTES EN LA CORRECCION



Convendrá ahora perfilar las pautas más prudentes del comportamiento del padre coherente con su misión. Al hecho real del niño respetuoso, sincero, sumiso en la corrección, precede el llamado "sistema preventivo" expuesto por el maestro de los educadores, san Juan Bosco. Aquí analizamos al niño difícil que tropieza con mayor o menor deliberación.



Este niño culpable debería sentirse envuelto por la mirada del formador y sentir antes en su interior, por el lenguaje sugestivo de las impresiones, que en sus oídos, el reproche de su falta de honradez. Si ve que su falta no altera la ecuanimidad, ponderación y actitud razonable de su padre, aceptará con mayor agrado la llamada de atención valorando que no nace de una pasión herida o de un mero formulismo. Muy lejos quedaría la condescendencia ingenua del padre con la falta del niño. Si ésta existe, corresponderá, según su gravedad, una reparación. El arte es presentarla como medicina saludable, más aún, el hacerla desear y suscitarla automáticamente.



Los padres apelará a la nobleza del niño en quien confía, pero de la que se recogen frutos indeseados. Esta reflexión golpea interiormente al niño y hasta lo desconcierta. Considérese que "para los niños es castigo lo que se hace pasar por tal y se ha observado que una mirada no cariñosa en algunos produce más efecto que un bofetón" (Ibid. p. 566).



Con certeza absoluta, el niño distingue entre el padre genuino, volcado cordialmente sobre cada alumno, y el "asalariado", vigía frío de una disciplina que nunca consigue. Hacia éstos, los niños experimentan una repulsa interior en ocasiones cruel. Quien desea ser un buen padre da por tanto el primer paso de hacer sentir, sin asomo de pasión, el rechazo absoluto de la falta y la confianza en que el trasgresor tendrá la capacidad de corregirse. Esta actitud coloca al padre en el camino adecuado para dictar la sentencia justa. Para ello, buscará el momento más oportuno. Los frutos son escasos cuando el castigo cae como un rayo en el mismo instante de haber cometido la falta. Se corre el riesgo de que el niño se cierre herméticamente no estando dispuesto a confesar su culpa ni a sofocar la pasión. Conviene darle tiempo para reflexionar (Ibid. p. 601).



Si no ha existido la sanción irrevocable que "frustra el deseo de reparación" (Cfr. COURTOIS Gaston, El secreto del mando, IV, Ed. Atenas, Madrid 1959, p. 101) y el niño abriga "esperanza de perdón" (Cfr. CANALS JUAN, San Juan Bosco -Obras fundamentales-, II,6, Madrid BAC 1978, p. 604), al padre bastará conducir la reflexión del niño sobre sus hechos. El niño mismo, ayudado, encontrará la respuesta y se sentirá impulsado a reparar. La gratitud hacia el padre brota natural y con ella la veneración por la autoridad, que ya no se teme, ni se prueba, sino se ama.



CONCLUSIÓN



En resumen, cito textualmente un pensamiento del P. Courtois. Condensa con transparencia el ideal expuesto en el arte difícil de corregir:



"Si verdaderamente poseéis autoridad, no tendréis apenas necesidad de castigar: un simple fruncido de cejas o una mirada un poco severa será suficiente para llamar la atención al orden, y si el niño os tiene cariño, el sentimiento de haberos dado pesar o de haberos descontentado le hará comprender que ha faltado a su deber y ése será el más eficaz de los castigos" (Cfr. COURTOIS Gaston, El secreto del mando, IV, Ed. Atenas, Madrid 1959, p. 101)



Por  Álvaro Correa 

►PUNTO Y APARTE (Película pro-vida)

Este blog es llevado a cabo por el Rector del establecimiento Juan Ernesto Dumoulin.




La película cuenta la historia de Aline con Valentín, Miroslava con Sergio. Dos parejas, dos mundos diferentes pero con un mismo destino. Reflejadas, la una en la otra, sus vidas se entrelazan en la historia de todos los días. Una historia llena de conflictos y pasión, de triunfos y fracasos. Así, su vida se encadena en principios y finales. Para ellos hay, mucho que elegir. Mucho que empezar y terminar. De esta forma Aline y Miroslava marcan su vida con un... Punto y Aparte. El film con tintes dramáticos, se propone una exploración sobre el tema del aborto y sus consecuencias.

viernes, 12 de octubre de 2012

►Blood Money (Dinero de Sangre)


Alveda King, sobrina del legendario Martin Luter King, se pone ante la cámara para mostrar al espectador cuál ha sido el camino recorrido por la práctica del aborto en los Estados Unidos: las primeras políticas de planificación familiar, la lucha de las organizaciones ProVida y la polémica despertada en la opinión pública por algunos casos concretos. Un documental que, además, pretende denunciar la verdadera rentabilidad de las clínicas abortivas y el oscuro negocio que se mueve a su alrededor. "Blood Money, el valor de una vida" trata el tema del aborto desde una perspectiva ProVida. Filmado por David K. Kyle con un punto de vista de denuncia, este documental muestra los rostros que se esconden detrás de los casos de aborto en Estados Unidos: pacientes, médicos, especialistas en la materia y activistas anti-abortistas. A lo largo del metraje se desarrolla la teoría de que las clínicas abortivas esconden un oscuro negocio que mueve grandes cantidades de dinero cada año. La película refleja el hecho científico que demuestra que la vida comienza en la concepción, y de cómo afecta el aborto a las mujeres que han hecho al menos uno. El objeto es comprender mejor esta cruda realidad que lleva cada año a más de 3.500 mujeres norteamericanas a abortar CADA DIA. El filme, incluye entrevistas con los líderes del movimiento provida y con mujeres que han abortado alguna vez en su vida. Para Kyleel aborto es un negocio para las clínicas abortistas y tiene trágicas consecuencias para la mujer aunque se vende como una solución para que desaparezca el problema, el feto. El director añade que "hay que conseguir que aflore la verdad para salvar a los no nacidos.

La elaboración, puesta en marcha y trabajo de este blog es ejercida por el rector del establecimiento Juan Ernesto Dumoulin.

miércoles, 10 de octubre de 2012

►Construir la familia


Enseñanzas de San Josemaría sobre la vida en familia: el amor entre los esposos, el trato con los hijos, Dios en la familia... Realización: Juan Martín Ezratty, 2010. 

miércoles, 25 de julio de 2012

►Los padres de la Virgen María


Un matrimonio santo

San Joaquín

Joaquín (Yahvé prepara) fue el padre de la Virgen María, madre de Dios. Según San Pedro Damián, deberíamos tener por curiosidad censurable e innecesaria el inquirir sobre cuestiones que los evangelistas no tuvieron a bien relatar, y, en particular, acerca de los padres de la Virgen.

Con todo, la tradición, basándose en testimonios antiquísimos y muy tempranamente, saludó a los santos esposos Joaquín y Ana como padre y madre de la Madre de Dios. 

Ciertamente, esta tradición parece tener su fundamento último en el llamado Protoevangelio de Santiago, en el Evangelio de la Natividad de Santa María y el Pseudomateo o Libro de la Natividad de Santa María la Virgen y de la infancia del Salvador; este origen es normal que levantara sospechas bastante fundadas. 

No debería olvidarse, sin embargo, que el carácter apócrifo de tales escritos, es decir, su exclusión del canon y su falta de autenticidad no conlleva el prescindir totalmente de sus aportaciones. 

En efecto, a la par que hechos poco fiables y legendarios, estas obras contienen datos históricos tomados de tradiciones o documentos fidedignos; y aunque no es fácil separar el grano de la paja, sería poco prudente y acrítico rechazar el conjunto indiscrimadamente. 

Algunos comentaristas, que opinan que la genealogía aportada por San Lucas es la de la Virgen, hallan la mención de Joaquín en Helí (Lucas, 3, 23; Eliachim, es decir, Jeho-achim), y explican que José se había convertido a los ojos de la ley, a fuer de su matrimonio, en el hijo de Joaquín. Que esa sea el propósito y la intención del evangelista es más que dudoso, lo mismo que la identificación propuesta entre los dos nombres Helí y Joaquín. 

Tampoco se puede afirmar con certeza, a pesar de la autoridad de los Bollandistas, que Joaquín fuera hijo de Helí y hermano de José; ni tampoco, como en ocasiones se dice a partir de fuentes de muy dudoso valor, que era propietario de innumerables cabezas de ganado y vastos rebaños.

Más interesantes son las bellas líneas en las que el Evangelio de Santiago describe, cómo, en su edad provecta, Joaquín y Ana hallaron respuesta a sus oraciones en favor de tener descendencia. 

Es tradición que los padres de Santa María, que aparentemente vivieron primero en Galilea, se instalaron después en Jerusalén; donde nació y creció Nuestra Señora; allí también murieron y fueron enterrados. 

Una iglesia, conocida en distintas épocas como Santa María, Santa María ubi nata est, Santa María in Probática, Sagrada Probática y Santa Ana fue edificada en el siglo IV, posiblemente por Santa Elena, en el lugar de la casa de San Joaquín y Santa Ana, y sus tumbas fueron allí veneradas hasta finales del siglo IX, en que fue convertida en una escuela musulmana. 

La cripta que contenía en otro tiempo las sagradas tumbas fue redescubierta en 1889. San Joaquín fue honrado muy pronto por los griegos, que celebran su fiesta al día siguiente de la de la Natividad de Ntra. Señora. Los latinos tardaron en incluirlo en su calendario, donde le correspondió unas veces el 16 de septiembre y otras el 9 de diciembre. 

Asociado por Julio II [el de la capilla Sixtina] al 20 de marzo, la solemnidad fue suprimida unos cinco años después, restaurada por Gregorio XV (1622), fijada por Clemente XII (1738) en el domingo posterior a la Asunción, y fue finalmente León XIII [el de la Rerum Novarum] quien, el 1 de agosto de 1879, dignificó la fiesta de estos esposos que se celebró por separado hasta la última reforma litúrgica. 

Santa Ana

Ana (del hebreo Hannah, gracia) es el nombre que la tradición ha señalado para la madre de la Virgen. Las fuentes son las mismas que en el caso de San Joaquín. Aunque la versión más antigua de estas fuentes apócrifas se remonta al año 150 d.C., difícilmente podemos admitir como fuera de toda duda sus variopintas afirmaciones con fundamento en su sola autoridad. 

En Oriente, el Protoevangelio gozó de gran autoridad y de él se leían pasajes en las fiestas marianas entre los griegos, los coptos y los árabes. En Occidente, sin embargo, como ya te adelanté con San Joaquín, fue rechazado por los Padres de la Iglesia hasta que su contenido fue incorporado por San Jacobo de Vorágine a su Leyenda Áurea en el siglo XIII. 

A partir de entonces, la historia de Santa Ana se divulgó en Occidente y tuvo un considerable desarrollo, hasta que Santa Ana llegó a convertirse en uno de los santos más populares también para los cristianos de rito latino. 

El Protoevangelio aporta la siguiente relación: En Nazaret vivía una pareja rica y piadosa, Joaquín y Ana. No tenían hijos. Cuando con 
ocasión de cierto día festivo Joaquín se presentó a ofrecer un sacrificio en el templo, fue arrojado de él por un tal Rubén, porque los varones sin descendencia eran indignos de ser admitidos. 

Joaquín entonces, transido de dolor, no regresó a su casa, sino que se dirigió a las montañas para manifestar su sentimiento a Dios en soledad. También Ana, puesta ya al tanto de la prolongada ausencia de su marido, dirigió lastimeras súplicas a Dios para que le levantara la maldición de la esterilidad, prometiendo dedicar el hijo a su servicio. 

Sus plegarias fueron oídas; un ángel se presentó ante Ana y le dijo: "Ana, el Señor ha visto tus lágrimas; concebirás y darás a luz, y el fruto de tu seno será bendecido por todo el mundo". El ángel hizo la misma promesa a Joaquín, que volvió al lado de su esposa. Ana dio a luz una hija, a la que llamó Miriam. 

Dado que esta narración parece reproducir el relato bíblico de la concepción del profeta Samuel, cuya madre también se llamaba Hannah, la sombra de la duda se proyecta hasta en el nombre de la madre de María. 

El célebre Padre John de Eck de Ingolstadt, en un sermón dedicado a Santa Ana (pronunciado en París en 1579), aparenta conocer hasta los nombres de los padres de Santa Ana. Los llama Estolano (Stollanus) y Emerencia (Emerentia). 

Afirma que la santa nació después de que Estolano y Emerencia pasaran veinte años sin descendencia; que San Joaquín murió poco después de la presentación de María en el templo; que Santa Ana casó después con Cleofás, del cual tuvo a María de Cleofás; la mujer de Alfeo y madre de los apóstoles Santiago el Menor, Simón y Judas Tadeo, así como de José el Justo. 

Después de la muerte de Cleofás, se dijo que casó con Salomas, de quien trajo al mundo a María Salomé (la mujer de Zebedeo y madre de los apóstoles Juan y Santiago el Mayor). 

La misma leyenda espuria se halla en los textos de Gerson y en los de muchos otros. Allí surgió en el siglo XVI una animada controversia sobre los matrimonios de Santa Ana, en la que Baronio y Belarmino defendieron su monogamia. 

En Oriente, al culto a Santa Ana se le puede seguir la pista hasta el siglo IV. Justiniano I hizo que se le dedicara una iglesia. El canon del oficio griego de Santa Ana fue compuesto por San Teófanes, pero partes aún más antiguas del oficio son atribuidas a Anatolio de Bizancio. 

Su fiesta se celebra en Oriente el 25 de julio, que podría ser el día de la dedicación de su 
primera iglesia en Constantinopla o el aniversario de la llegada de sus supuestas reliquias a esta ciudad (710). 

Aparece ya en el más antiguo documento litúrgico de la Iglesia Griega, el Calendario de 
Constantinopla (primera mitad del siglo VIII). Los griegos conservan una fiesta común de San Joaquín y Santa Ana el 9 de septiembre. 

En la Iglesia Latina, Santa Ana no fue venerada, salvo, quizás, en el sur de Francia, antes del siglo XIII. Su imagen, pintada en el siglo 
VIII y hallada más tarde en la Iglesia de Santa María la Antigua de Roma, acusa la influencia bizantina. 

Su fiesta, bajo la influencia de la Leyenda Áurea, se puede ya rastrear (26 de julio) en el siglo XIII, en Douai. Fue introducida en Inglaterra por Urbano VI el 21 de noviembre de 1378, y a partir de entonces se extendió a toda la Iglesia occidental. Pasó a la Iglesia Latina universal en 1584. 

Santa Ana es la patrona de Bretaña. Su imagen milagrosa (fiesta, 7 de marzo) es venerada en Notre Dame d´Auray, en la diócesis de Vannes. 
También en Canadá -donde es la patrona principal de la provincia de Québec- el santuario de Santa Ana de Beaupré es muy famoso. 

Santa Ana es patrona de las mujeres trabajadoras; se la representa con la Virgen María en su regazo, que también lleva en brazos al Niño Jesús. Es además la patrona de los mineros, que comparan a Cristo con el oro y con la plata a María. 


Jesús Martí Ballester 

►San Joaquín y Santa Ana



Martirologio Romano: Memoria de san Joaquín y santa Ana, padres de la Inmaculada Virgen María, Madre de Dios, cuyos nombres se conservaron gracias a tradición de los cristianos

Abuelos de Jesús

26 de Julio

Una antigua tradición, datada ya en el siglo II, atribuye los nombres de Joaquín y Ana a los padres de la Virgen María. El culto aparece para Santa Ana ya en el siglo VI y para San Joaquín un poco más tarde. La devoción a los abuelos de Jesús es una prolongación natural al cariño y veneración que los cristianos demostraron siempre a la Madre de Dios. 
La antífona de la misa de hoy dice: "Alabemos a Joaquin y Ana por su hija; en ella les dio el Señor la bendición de todos los pueblos". 

La madre de nuestra Señora, la Virgen Maria, nació en Belén. El culto de sus padres le está muy unido. El nombre Ana significa "gracia, amor, plegaria". La Sagrada Escritura nada nos dice de la santa. Todo lo que sabemos es legendario y se encuentra en el evangelio apócrifo de Santiago, según el cual a los veinticuatro años de edad se casó con un propietario rural llamado Joaquín, galileo, de la ciudad de Nazaret. Su nombre significa "el hombre a quien Dios levanta", y, según san Epifanio, "preparación del Señor". Descendía de la familia real de David. 

Moraban en Nazaret y, según la tradición, dividían sus rentas anuales, una de cuyas partes dedicaban a los gastos de la familia, otra al templo y la tercera a los más necesitados. 

Llevaban ya veinte años de matrimonio y el hijo tan ansiado no llegaba. Los hebreos consideraban la esterilidad como algo oprobioso y un castigo del cielo. Se los menospreciaba y en la calle se les negaba el saludo. En el templo, Joaquin oía murmurar sobre ellos, como indignos de entrar en la casa de Dios. 

Joaquín, muy dolorido, se retira al desierto, para obtener con penitencias y oraciones la ansiada paternidad Ana intensificó sus ruegos, implorando como otras veces la gracia de un hijo. Recordó a la otra Ana de las Escrituras, cuya historia se refiere en el libro de los Reyes: habiendo orado tanto al Señor, fue escuchada, y asi llegó su hijo Samuel, quien más tarde seria un gran profeta. 

Y así también Joaquín y Ana vieron premiada su constante oración con el advenimiento de una hija singular, Maria. Esta niña, que había sido concebida sin pecado original, estaba destinada a ser la madre de Jesucristo, el Hijo de Dios encarnado. 

Desde los primeros tiempos de la Iglesia ambos fueron honrados en Oriente; después se les rindió culto en toda la cristiandad, donde se levantaron templos bajo su advocación. 

Aunque el culto de la madre de la santísima Virgen Maria se había difundido en Occidente, especialmente desde el siglo XlI, su fiesta comenzó a celebrarse en el siglo siguiente